Los deberes y las tareas extra

Los profesores en general, están a favor de los deberes por distintos motivos, tanto los más tradicionales como incluso los que se consideran progresistas e inclusivos. Los que si están en contra son los profesores de pedagogías y escuelas alternativas, donde no es habitual prolongar la jornada escolar con deberes.

En el caso de los padres, hay opiniones a favor y en contra, incluso en una misma familia. Los deberes preocupan, ocupan tiempo y esfuerzo y son una parte importante de las rutinas familiares a partir de 3º Primaria (8 años de edad). Sin embargo, rara vez se cuestionan y se acaban asumiendo incluso en desacuerdo, por no generar conflicto con el colegio. Pero ¿debe ser así? hacer deberes cuando no son necesarios tiene efectos negativos en los alumnos.

Si cualquier niño pudiera elegir, no haría deberes, ni muchos ni pocos, ni divertidos ni nada. No es que no quieran aprender, es que no le ven el sentido.

España es, según las estadísticas, de los países que más deberes pone a sus estudiantes, pero el rendimiento del país no es bueno, si miramos las tablas de resultados de aprendizaje. Nuestra ley no se pronuncia claramente: ni los recomienda ni los prohíbe y lo deja en manos de los colegios. Entonces, si no son obligatorios y no hay un efecto positivo claro ¿por qué están tan extendidos?

En general, los deberes se asumen como algo que es, quizás por la fuerza de la costumbre y se discute qué características y condiciones deben tener para ser más eficaces. De hecho la palabra en castellano o en francés no deja lugar a dudas: un deber / devoir es una obligación, no se discute su naturaleza. En euskera o en inglés, en cambio, el término es diferente, etxeko lanak / homework , indica que es trabajo o tarea que se realiza en casa.

Por eso, vemos una diferencia clara entre hablar de deberes y de tareas (extra) en casa. ¿Es cierto que si o si debe haber trabajo extra en casa?

Los deberes serían obligatorios para todos si realmente fueran necesarios para que se de el aprendizaje del currículo, si la mayoría de los niños no fuera capaz de aprenderlo sin ellos. En ese caso, lo primero sería analizar por qué falla el aprendizaje en el horario lectivo. Pero no es el caso y estas condiciones no se dan, por lo que los deberes, obligatorios, indiscriminados y sistemáticos no tienen sentido, sean aburridos o creativos, da igual. Ni siquiera en el caso de que el alumno no termine la tarea en clase y se la lleve para terminar en casa. De forma puntual, de acuerdo, pero si ocurre con frecuencia, es que hay un problema y hay que tratar de solucionarlo y buscar la causa. La cantidad y calidad de deberes no es un factor, el hecho de que sean pocos y amenos no los justifica.

Las tareas extra en cambio, son una opción que se aplica ocasional e individualmente, para que realmente sean efectivas y útiles. Después de clase, además de estudiar y repasar para un examen, puede haber una opción de tarea interesante para ir más allá o una tarea adaptada, pero siempre personalizada. Las tareas extra personalizadas no son deberes, son adaptaciones específicas, lo que si es inclusivo y equitativo.

Los deberes que no sirven son los que se mandan a todos los niños de la clase por igual y por sistema, independientemente de su rendimiento, su capacidad, de sus extraescolares o de sus circunstancias personales. Los deberes no son una ayuda para aprender más y aprender antes. Cada niño tienen su ritmo (sobre todo en primaria), y la presión de enseñar más cosas en menor tiempo y antes, no se corresponde con un mejor aprendizaje. Y en el caso de problemas de aprendizaje resulta aún más incomprensible. Suponen un cansancio mental, emocional y físico y pueden generar un sentimiento negativo hacia el colegio y el aprendizaje. Por desgracia, los deberes son la norma y las tareas extra son la excepción.

Los profesores de primaria asignan deberes con frecuencia para ayudar a los alumnos a aprender a gestionar su tiempo y mejorar sus hábitos de estudio, no para mejorar el aprendizaje o el conocimiento de la asignatura en concreto. Pero, como veremos, los estudios dicen que no es cierto, que no enseñan estas habilidades y sin embargo hay otras actividades que si que lo hacen. Fuera del colegio, el niño tiene derecho a elegir cómo emplear su tiempo libre: aficiones, descanso, estar con su familia y amigos etc. Estas otras actividades, además, son tan importantes o más para su crecimiento personal que el conocimiento académico.

El colegio no cubre todo el aprendizaje de un niño, al contrario, el niño puede aprender mucho más fácilmente las competencias y los buenos hábitos a través de otras actividades que son fuente de aprendizaje y también de enriquecimiento personal. Vamos a citar algunos ejemplos, donde los niños aprenden autodisciplina, hábitos de trabajo, compromiso, responsabilidad, trabajo en equipo etc. 

En familia: recoger el cuarto, cuidar de una mascota, comprar el pan, hacerse la merienda, prepararse la ropa cada día, cuidar las plantas, cocinar, ayudar a un hermano.., son formas de ir asumiendo nuestro papel y contribuyendo con nuestro compromiso en el equipo familiar.

Actividades: deporte individual, deporte en equipo, tocar un instrumento, cantar en un coro, hípica, ajedrez, esquiar, nadar, escalar, ballet, baile moderno, pintura, robótica y legos, programación de videos juegos, salir a andar por el monte, … cualquiera de ellas tiene múltiples beneficios. Además, al ser una actividad elegida por nosotros, nuestra motivación es mucho mayor y por tanto el aprendizaje también.

Si admitimos que la escuela no es el único aprendizaje y que se complementa con otros, el aprendizaje se vuelve líquido, es decir, flexible, autogestionado y multicapas. Se produce una interacción entre la educación formal y la no formal e informal. Por lo tanto, las tareas extra deben además tener en cuenta el resto de aprendizajes de cada alumno y sus necesidades.

En 2006 se publicaron los resultados de un amplio y muy completo estudio realizado en EEUU. Los investigadores de Duke University, liderados por Harris Cooper, profesor de psicología y director del Duke’s Program in Education, revisaron exhaustivamente más de 60 trabajos sobre deberes realizadas entre 1987 y 2003 y su conclusión fue que las tareas tienen un efecto positivo en los logros de los estudiantes, pero solo en determinadas circunstancias. Para que los niños hagan tareas en casa, el tipo de trabajo y la cantidad deberían ajustarse individualmente en función de su desarrollo y de las circunstancias de cada hogar. “ Es decir, Cooper si está a favor de un mínimo de deberes, pero siempre y cuando sean individualizados, limitados en tiempo e interesantes. Está a favor entonces de lo que hemos llamado tareas extra y no deberes y en ESO y Bachillerato. Vamos a explicarlo mejor:

“No hay evidencia de que cualquier cantidad de tarea mejore el rendimiento académico de los estudiantes de Primaria”. El autor sugiere que los niños de estas edades no saben concentrarse y no tienen hábitos de estudio, por lo que el trabajo extra resulta de poco provecho. La tarea en casa debería ser ocasional, corta, fácil de hacer e involucrando lo menos posible a los padres. De hecho, recomienda que, lo mejor que pueden hacer los niños es actividades extraescolares con las que disfruten, como el deporte de equipo o lecturas de interés, que si les enseñarán esos buenos hábitos que necesitarán más adelante.

En la Secundaria, (12 – 15 años), si que encontraron una correlación entre el trabajo en casa y los resultados de las evaluaciones (o notas), pero era generalmente muy pequeña y con tendencia a desaparecer cuando se aplicaban controles estadísticos más sofisticados. Adicionalmente, no existe evidencia de que el alto desempeño se deba a los deberes, incluso cuando aparece esta relación. Es decir, los buenos resultados no siempre van unidos a muchos deberes y muchos deberes no conducen directamente a buenos resultados.

En Bachillerato, por último, considera que si hay repercusión del trabajo en casa en el proceso de aprendizaje de los jóvenes, aunque a partir de 2 horas el beneficio disminuye.

Cooper defiende la Regla de los 10 minutos y propone 10 minutos máximo de tareas por cada curso desde 1º primaria. Eso significa por ejemplo 30 minutos en tercero y 1 hora en sexto. Así, en ESO las tareas deberían ocupar entre 70 y 100 minutos y hasta los 110-120 minutos en el Bachillerato.

El profesor Alfie Kohn, especializado en educación, crianza y comportamiento humano, lo tiene claro: argumenta que las tareas ni mejoran el rendimiento académico ni actitudes como la capacidad de trabajo, la organización o la disciplina. Para él, la idea de que las tareas enseñan buenos hábitos de trabajo o de que desarrollan rasgos de carácter positivos (como auto-disciplina e independencia) podría ser descrita como un mito urbano.

Si queremos mejorar el aprendizaje de los alumnos lo lógico es incidir en aspectos cualitativos más que en cuantitativos. La solución no es poner más horas, sino variar la forma de enseñar y de aprender, la forma de organizar las clases. No tiene sentido que sigan practicando hasta que lo entiendan, porque la práctica no crea el entendimiento.

Los deberes (varios versus ninguno, o muchos versus pocos) no están ni siquiera relacionados con la obtención de mejores notas. La única consecuencia que se hace evidente es que existe mayor actitud negativa de parte de los estudiantes que reciben más tareas.

Lo que podría tener sentido es “seguir practicando hasta que lo que se hace se vuelva automático.” Pero ¿qué tipos de destrezas se someten a esta forma de mejora? Las reacciones conductuales, como por ejemplo jugar a tenis, pero desde luego no las matemáticas. Así se trabaja una habilidad pero no se adquiere un conocimiento. Mucha práctica puede ayudar a algunos estudiantes a recordar la respuesta más fácilmente, pero no a volverse mejores pensadores –ni siquiera a acostumbrarse a pensar:

  • Si los estudiantes ya han adquirido la habilidad, la práctica adicional es una pérdida de tiempo.
  • Y si no entienden lo que hacen, la práctica les sirve para automatizar sin entender y por tanto les enseña a ocultar lo que no saben.

Adicionalmente, incluso si la práctica fuese útil para la mayor parte de estudiantes, esto no significa que deban realizarla en casa y en tiempo extra.

Los deberes frecuentes iguales a toda la clase son injustos. La jornada de trabajo de un niño (6-8 h/día) se da en el horario de colegio y debe ser suficiente para que la gran mayoría de niños aprendan y cumplan sus objetivos, de septiembre a junio. Decir lo contrario, significaría que algo no estamos haciendo bien y la reflexión debería ser en ese caso cómo mejorar el aprendizaje en el tiempo lectivo. La escuela debe ser inclusiva y equitativa y los deberes no lo son.

Si pedimos a un alumno que trabaje bien toda la jornada escolar, lo hace y además lo demuestra con buenas notas, entonces, debemos reconocerle el esfuerzo y el objetivo cumplido. ¿Qué sentido tiene cargarle con más trabajo que no necesita? ¿qué mensaje le estamos dando?

Los deberes indiscriminados y regulares son totalmente inadecuados e indeseables. Si no se dan las condiciones necesarias de las tareas extra individualizadas, opcionales y ocasionales, no hay beneficios y en cambio si hay efectos negativos.

 


Este post cita y recoge algunas informaciones de otras publicaciones:

http://universoup.es/9/vivirenlafrontera/deberes-si-deberes-no/
https://aulapress.es/deberes-escolares-a-favor-en-contra/
https://www.monitosyrisas.com/la-verdad-acerca-de-los-deberes/
https://www.elblogalternativo.com/2013/05/30/el-mito-de-los-deberes-por-que-son-perjudiciales-para-el-aprendizaje-y-la-convivencia-por-alfie-kohn/
https://today.duke.edu/2006/03/homework.html
https://www.alfiekohn.org/
https://www.salon.com/2016/03/05/homework_is_wrecking_our_kids_the_research_is_clear_lets_ban_elementary_homework/

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