El reto de comprender por qué tu hijo se porta “mal”

Imagina por un instante que tu hijo fuese capaz de “portarse bien” siempre, en cualquier circunstancia, momento y lugar. Imagina que los niños nunca gritaran, ni armaran jaleo donde no deben, que las peleas entre hermanos dejaran de existir y que todos fueran obedientes y respetuosos. ¿Cómo sería la vida familiar?

En ese caso, los peques se convertirían en un fiel reflejo de nuestras normas sociales. ¿Es eso lo ideal? ¿Sería todo perfecto?

Por un momento puede parecerlo, pero enseguida te darás cuenta de que no es posible que los niños o nosotros seamos felices así, simplemente no sería real. El problema, como seguramente has intuido, es que esto les dejaría un margen muy escaso para expresar sus necesidades, sus deseos y sus inquietudes como individuos y para disfrutar de su mundo, igual que nos pasaría a nosotros en su lugar. ¿O es que acaso los adultos siempre nos “portamos bien”?

Todas esas cosas que los adultos llamamos mal comportamiento suelen contener un mensaje de nuestros hijos, un mensaje que nos habla de lo que quieren, lo que sienten y lo que necesitan.

Como padres estamos acostumbrados a utilizar ese esquema moral que divide las conductas entre buenas y malas. Nos resulta útil para gestionar algunos conflictos diarios. Pero si no vamos un paso más allá, si nos limitamos a potenciar las conductas positivas y rechazar las “negativas”, nos estaremos perdiendo la mayor parte del mensaje. La psicóloga Jane Nelsen emplea la metáfora del iceberg para explicarlo. La conducta no es más que la superficie, la punta visible del gran pedazo de hielo. En la zona sumergida queda lo que no es perceptible a simple vista: la creencia, que es lo que realmente explica el comportamiento de tu hijo. “Si no la tenemos en cuenta, el comportamiento no mejorará”, asegura Nelsen.

La creencia detrás de la conducta

Jane Nelsen desarrolló los trabajos de Rudolf Dreikurs, uno de los padres de la Disciplina Positiva. Este educador estadounidense, planteó que a los niños les mueve la búsqueda de significado y pertenencia. Su mayor deseo es demostrar que son válidos y valiosos para su familia, el primer grupo del que forman parte; y buscan pruebas que corroboren que lo están logrando.

Por eso los niños observan lo que sucede a su alrededor, interpretan lo que ven, sacan conclusiones y actúan en consecuencia. Su capacidad de percepción es extraordinaria pero sin embargo, su habilidad para hacer interpretaciones todavía no ha terminado de madurar. Ello les puede llevar a alcanzar conclusiones inexactas que conducen a creencias equivocadas.

“Hay muy pocas cosas que permitamos hacer a los niños para contribuir al bienestar y las necesidades de la familia. Los adultos hacen todo lo que debe hacerse. Un niño sólo se siente aceptado y parte de su grupo familiar a través los miembros mayores. Como resultado, el niño busca constantemente pruebas de su aceptación”.

Rudolf Dreikurs, Coping With Children’s Misbehavior, a Parent’s Guide

Cuando tu hijo trata de monopolizar tu atención, no escucha lo que le pides, intenta hacer daño a otros o se declara incapaz de llevar a cabo una tarea, no sólo está portándose mal, está enviando un mensaje. Te está diciendo que necesita que le involucres, que se siente dolido o que quiere tener parcelas de autonomía en las que demostrar sus capacidades. O simplemente, que necesita tu ayuda y tu paciencia para aprender poco a poco. Si te concentras sólo en su conducta estarás trabajando únicamente sobre la punta del iceberg. Tal vez llegues a modificarla, pero no habrás afrontado todo aquello que permanece sumergido. Por eso entender a tu hijo es más importante que conseguir que se porte bien: porque sólo así estarás respondiendo a sus necesidades emocionales.

Publicado por Tomás Magaña en BLOG DE ESCUELA BITÁCORAS

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.