Cuando los niños no entienden lo que leen

Si os pido que penséis en lo más complejo que tiene que aprender un niño en educación primaria, es muy probable que casi todo el mundo mencione las matemáticas pero en realidad, hay un elemento primordial para la formación de los niños: la lectura. No hablamos de que los pequeños sean capaces de unir las letras para formar palabras y leer las frases, sino de que comprendan lo que tienen enfrente, es decir, me refiero a la importancia de la comprensión lectora. 

Os cuento un episodio de mi infancia que me trajo mucho sentido sobre la comprensión lectora. Estando yo en clase una vez, estaba distraído y moviéndome como era de costumbre, cuando la profesora empezó a anotar las páginas que entraban para el examen final de Lenguaje. Lo apunté con cuidado en mi agenda, pues sabía la importancia de esta evaluación.  Era mucha información, como veinte páginas, y una vez en casa me propuse leerlas con total concentración y resaltar lo más importante con el rotulador.

El problema fue que pasado un trato, prácticamente todas las páginas habían cambiado de su color blanco a amarillo fosforescente. No era capaz de saber qué era importante y qué no y había resaltado casi todas las frases. Yo leía y leía y trataba de memorizar palabra por palabra todas aquellas ideas, pero en realidad no conseguía retener nada, porque no entendía nada; era demasiado contenido y me superaba.

Pues bien, llegó el día de la evaluación y me puse a responder muy seguro. Sin embargo, al entregarme los resultados, mi nota era bastante peor de lo que esperaba. Mi frustración fue tremenda. Me acerqué al profesor y él empezó a señalarme mis errores: ‘Parece que has leído, pero no has entendido realmente el texto’.

Técnicas para mejorar la compresión lectora de los niños 

Para mejorar mi lectura, mi tutor me propuso para empezar con tareas súper simples, pero que con el tiempo demostraron ser efectivas. Las enumero a continuación por si queréis trabajarlas con vuestros hijos.

La tarea principal es Leer cualquier libro (si puede ser uno que te guste) y después de terminarlo, realizar una breve exposición sobre el objetivo tanto principal como específico del texto. En mi caso me dijeron que cada lectura debía completarla en quince días, pero con el tiempo me exigían una semana como plazo.

Después de dos meses, mi mentora desarrolló estos consejos prácticos para que pudiese trabajarlo con los textos de estudio:

– Darle un título y un lema concreto a cada párrafo que uno debe leer de contenido. Suena sencillo, pero ni os imagináis lo satisfactorio que era darle ese sentido a la lectura. Mucho más directo que un resumen y más efectivo.

 Crear preguntas de los párrafos leídos, intensificando la comprensión e identificación del tema en específico.

– Planificar la lectura de estudio, distribuyendo las páginas según días de trabajo y enfocándose exclusivamente en aquellas que se van a leer.

– Como se recomienda desde la neurociencia, leer en rangos de veinte minutos para enfocar el ejercicio. Dentro de ese tiempo, aplicar alguna de las dos primeras herramientas señaladas anteriormente.

– Motivar a que el joven exprese –con sus palabras- lo leído.

– Representar cada párrafo con un dibujo o símbolo que represente la idea central del párrafo.

– Construir un mapa conceptual del texto que se debe trabajar dentro de los veinte y cinco minutos.

Después de tres meses practicando algunas de estas estrategias fue bien significativo darme cuenta que, pese a que en ocasiones no lograba alguno de los resultados esperados, la comprensión y entendimiento de lo que estaba estudiando habían mejorado. ¡Sentía que estaba apropiándome de lo que estaba estudiando!

Pasó el tiempo y seguimos modificando diferentes estrategias y adaptando algunas otras y ya dentro de la universidad, la comprensión de textos más complejos y la velocidad de mi lectura fue cada vez mejores. 

Ahí me di cuenta que en realidad en este ejercicio, el elemento principal es la perseverancia para hacer tuya la lectura.

Fuente: Guía Infantil.

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