Consciencia corporal

Conócete a ti mismo y conocerás el universo

Hablamos de un concepto que no todo el mundo sabría definir. Aunque nos suena, con frecuencia lo entendemos parcialmente y casi siempre lo asignamos a ciertas actividades, pero no a nosotros mismos. Sin embargo, es muy sencillo e importante para todos: saber escuchar a tu cuerpo.

Si haces yoga, danza o si practicas deporte, quizás alguna vez te hayan pedido que te concentres en sentir una parte de tu cuerpo. Puede resultar extraño, pero en realidad, la mente gobierna el cuerpo y el cuerpo afecta a la mente. Seguro que lo hiciste de pequeño, sí, cuando intentaste levantar solo una ceja o mover las orejas. ¿te acuerdas?

¿Conciencia o consciencia?

Según la RAE, la real academia del castellano, estas dos palabras pueden ser sinónimas en algún contexto, pero no siempre son intercambiables. ¿Qué significa esto?

Pensemos en acciones por un momento. Podemos decir: “Tener conciencia” o “tener consciencia” de algo, pero solo podemos decir “ser consciente de”. Este último es el significado que nos importa aquí: la capacidad de los seres humanos de verse y reconocerse a sí mismos.

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Inteligencia Emocional

Las emociones determinan nuestra relación con el mundo

Daniel Goleman escribió un libro llamado “Inteligencia emocional” en 1995, en el que se hizo famosa una nueva idea. Esta idea, la de la inteligencia emocional, cambió  conceptos clásicos de la psicología. Hasta entonces, siempre se daba prioridad a la inteligencia lógica y al conocimiento teórico.

Pero hay gente que sin ser los más inteligentes, son lo que más triunfan, los más reconocidos por todo el mundo y muy felices. Goleman y otros psicólogos decían que estas personas tenían mucha inteligencia emocional, es decir, que conocían sus emociones y sabían manejarlas bien: gente con optimismo, asertividad, autoestima, empatía y otras habilidades sociales.

Las emociones configuran nuestro paisaje físico, mental, anímico y social. Una adecuada educación emocional, ayuda a conocer mejor nuestras emociones, reduciendo las negativas y aumentando las positivas. Las emociones comienzan en los primeros años de vida, en un proceso con etapas durante el cual, el niño ha de evolucionar poco a poco. No debemos adelantarlo ni frenarlo, tenemos que reconocer sus progresos y acompañarlo.

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